Devuelven sus leones a Ángel Cristo

Por fin se cumple la petición del domador. Después de su huelga de hambre en pleno centro de Madrid, el domador de leones Ángel Cristo ha conseguido que el departamento de medio ambiente de la comunidad de Madrid le devuelva, por fin, los leones que custodiaba en un bosque en las afueras de la capital.
Al parecer, el deseo del domador no ha sido la única razón de que le devolvieran las bestias, sino que el hombre que las guardaba estaba más que harto que, al menor descuido, Simba y Rugg se comieran las ovejas que guardaba en el establo contiguo a la jaula de los leones.
Así que el hombrito estuvo encantado cuando le quitaron el muerto de encima, porque aparte de las ovejas, los leoncitos eran muy exquisitos comiendo, y no se merendaban nada que no procediera de una denominación de origen cualificada, por lo que el paisano se gastaba un pastón en solomillos de ternera.
Por otra parte, Ángel Cristo proclamaba que sólo deseaba recuperar sus animalitos para poder volver a ganarse la vida con lo que más le gusta hacer: Entretener a niños y a mayores mientras se juega la vida con bestias pardas, así que en breve podrá reconstuir su circo y volver a ser lo que era.
El domador pretendía empezar enseguida con su nuevo espectáculo, pero los médicos han recomendado que hasta que no se recupere de sus heridas no debe efectuar ninguna clase de ejercicio físico porque podría correr peligro su salud. Así que en cuanto abandone el centro médico en el que se encuentra ingresado, comenzará a preparar sus nuevos números.
El motivo del ingreso en el hospital fue una falta de previsión por parte del domador, que afirmaba que sus leones se acordaban perfectamente de él y que los meses de alejamiento no habían hecho mella en la amistad que compartía con sus compañeros de espectáculo,pero... SE EQUIVOCÓ. Los leones no dejan de ser animales salvajes, y llevaban unos meses encerrados en un sitio que no era su hogar habitual, así que cuando los soltaron, entre el cabreo que se tenían y el hambre que habían pasado, pues decidieron merendarse a su antiguo jefe, no sea que agarrara el latiguillo y los obligara a ponerse encima de esos ridículos taburetes de colorines y a rugir como si estuvieran histéricos.